July 20
La influenza y las influencias
Los influenzavirus son un género de virus de
la familia Orthomyxoviridae, y son los causantes de las diferentes variantes de
la gripe. En una de las páginas de la Comisión Europea
se encuentra la etimología del término influenza, que es como se
conoce la gripe en inglés. Se trata de una palabra italiana del siglo XV que
significa “flujo de fluido, influencia”, y se utilizó para expresar la creencia
de que la aparición de epidemias se debía a la acción de los astros.
Posteriormente se utilizó en todos los idiomas para designar las afecciones
pulmonares humanas y animales causadas por ataques virales epidémicos o
pandémicos. Mientras que el inglés corriente utiliza la abreviatura flu,
el alemán, el francés y el español emplean el término gripe, que proviene del alemán greifen (agarrar).
Más o menos se considera que desde Galileo la ciencia ha ocupado una parte
importante del pensamiento, así que todos sabemos que los astros no tienen
responsabilidad alguna sobre la aparición de epidemias, pandemias y otras
"emias". ¿Todos? ¡No! Como en Astérix, "una aldea poblada por
irreductibles galos resiste todavía y siempre al invasor". O sea, que hay
gente que todavía se muestra totalmente convencida de que los astros rigen
nuestros destinos.
Lo peor del tema es cuando quienes creen en ello te arrollan con cifras y datos
y después, ante tu cara de escepticismo e incredulidad, cuando no de simple
desprecio, te sueltan que no intentan convencerte de nada, que eso es así y
punto, y que cada cual piense lo que quiera. ¿Cómo decirle a alguien que
utilizar datos sesgados sacados de vete-tú-a-saber-dónde no tiene ningún valor?
¿Cómo decirle a alguien que utilizar operaciones científicas sobre hipótesis
falsas para obtener resultados igualmente falsos no tiene ningún valor? ¿Cómo decirle
a alguien que ni siquiera sabe lo que es el efecto Doppler que sus
argumentaciones son, simplemente, ridículas?
Las argumentaciones sofistas y sus falacias lógicas (como las causas falsas)
están a la orden del día entre estas personas. El ejemplo más claro y
recurrente es el siguiente:
La gravedad de la Luna
afecta a las mareas en la
Tierra.
Las personas viven en la Tierra.
Por lo tanto,
La gravedad de la Luna
afecta a las personas.
Y por extensión,
Los astros afectan a las personas.
Y, aún más allá,
Los astros rigen nuestro destino.
Y se quedan tan anchos. Pasan de una cosa a otra con la mayor naturalidad del
mundo, y amén. Si a eso le añades cuatro números (eso sí, sin saber qué coño es
una derivada o una integral), unos dibujitos con regla y compás y una
argumentación peregrina del tipo "en la antigüedad esto lo sabía todo el
mundo", pues ya tienes el caldo de cultivo para los crédulos.
Esa misma gente desdeña, normalmente, el concepto "fe" tal y como se
entiende en la doctrina religiosa. Sin embargo, no tienen el menor pudor en
mostrar su absoluta fe en lo que proclaman. Está claro que siempre es más fácil
creer en algo intangible y que no exige demasiado esfuerzo (cualquiera puede
elaborar una carta astral, por ejemplo, a poco que se informe) que en algo que
requiere el esfuerzo del aprendizaje tanto puntual como continuo, como es el
caso de la ciencia. Me fascina, por otra parte, que esas gentes digan que lo
suyo es ciencia, amparados en que lo era para esos mismos "antiguos".
Su conocimiento de la historia de la ciencia es fascinante.
El ser humano no puede entender según qué cosas, y jamás lo logrará. Cuando
eso se asume, el camino fácil es hacer uso de la fe, sea del tipo que sea:
creer en lo que sea con el fin de quedarnos tranquilos, de "saber"
que algo "cuida", o no, de nosotros. El camino difícil es asumirlo y
trabajar por comprender el mayor número de cosas posibles, en la medida de
nuestras posibilidades. El resto hay que dejarlo a la filosofía o a la
metafísica (entendida esta como lo que era en su origen, aquello que está más
allá de la física porque aún no se comprende), y es bueno que así sea, porque
también hace evolucionar el pensamiento humano.
Cosas como la astrología o el creacionismo me patean los higadillos. Escuchar a
un pretendido "pastor" adoctrinar a sus huestes con argumentaciones
falaces sobre el evolucionismo de Darwin con el fin de dar visos de realidad al
mito de Adán y Eva es como retrotraerse miles de años atrás. Sin embargo, la
propia evolución acabará condicionando las creencias. Un simple cataclismo
(simple a escala universal, aunque sea enorme para nosotros) provocaría probablemente
una involución del pensamiento humano y un retorno a las creencias mitológicas,
sean del tipo que sean: en principio, se volvería a creer en los astros, luego
en los fenómenos atmosféricos, más tarde se personificarían dichos fenómenos, y
posteriormente las personificaciones irían adquiriendo personalidad propia y
una historia concreta, para finalmente desembocar en un politeísmo que daría
paso a un panteísmo. Cualquier cosa con tal de no asumir nuestra
insignificancia en el contexto universal.
¿Por qué esa obsesión en creer que nuestro destino está determinado? O, como
dicen los astrólogos, que "existen unos hechos que influyen de forma
primordial en nuestras características personales y en el devenir de nuestra
existencia". ¿Por qué la hora y la fecha de nuestro nacimiento son
relevantes? El tiempo es arbitrario, es una invención humana para tener un
cierto control sobre la dirección en la que el universo se expande o, por
decirlo más claramente, para ordenar los sucesos de tal forma que exista el
principio de causalidad (un vaso cae de la mesa y se rompe, y no sucede que
unos fragmentos de cristal salten del suelo a la mesa para recomponerse en
forma de vaso). Es más, el médico que apunta el momento del nacimiento de un
bebé lo hace mirando un reloj, el cual puede ser más o menos exacto. Y aún más
allá, ¿cuándo comienza la vida para un astrólogo: cuando el bebé emerge, de la
forma que sea, del cuerpo de la madre, o una semana antes, o a los tres meses
de ser concebido, o en el mismo momento de la concepción, o...? Tal vez sean
los "científicos" astrólogos quienes deban decidir, en un comité, en
qué momento un embrión o un feto pueden considerarse "personas".
Ahorraría mucho debate.
El destino está predeterminado en la medida que nacemos y morimos. El resto
está lleno de condicionantes, pero cada cual elige lo que quiere, lo que puede y
lo que le dejan. Lo único claro es que para conseguir cualquier cosa hay que
trabajárselo. Como dice el acertadísimo refrán, "a Dios rogando, y con el
mazo dando". O, en su variante artística, atribuida a Picasso,
"cuando aparezcan las musas, que me encuentren trabajando". Dejarlo
todo en manos de un pretendido destino es, simplemente, idiota.