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    October 22

    Ley y orden

    El paladín de la justicia emergió con su estudiado aspecto desenfadado. Se sabía mejor que sus congéneres, no cabía duda alguna de que cualquiera de sus pensamientos valía más que los de cualquier otro simple mortal. Su defensa de causas nobles lo había convertido en el adalid de la región. El apoyo incondicional de sus huestes lo habían elevado a los altares, y desde allí contemplaba su reino con una sonrisa de satisfacción: "Son tan altos mis ideales ", parecía decir, "que todos os beneficiaréis de ellos, porque yo sé lo que es bueno para vosotros".

    Y entonces sacó un decálogo, las nuevas Tablas de la Ley, y con voz ceremonial dijo:

    "Estos son mis principios y vosotros mis apóstoles. ¡Ay de quien ose contravenirlos, pues sólo encontrará mi desprecio! ¡Ay de quien alce su voz para dudar de ellos, porque son la Palabra y se volverá contra él! ¡Ay de quien no los transmita entre las gentes, porque será juzgado!".

    Los presentes lo aplaudieron y vitorearon con alegría, pero cuando la algarabía disminuyó una voz surgió de entre la muchedumbre: "¿Por qué eres mejor que yo?", preguntó. Se hizo un silencio sepulcral, las gentes se miraban con desconcierto, sin dar crédito a lo que acababan de escuchar. El caudillo alzó un cetro dorado y rugió:

    "¿Tú, ignorante, te atreves a preguntar? ¿Tú, desdichado, te crees mejor que yo? ¿Tú, fracasado, acaso te atreves a cuestionarme? Yo estoy aquí porque un mundo lleno de individuos como tú sería un estercolero. Yo estoy aquí para demostrar que tú eres tan malvado como el peor de los ladrones. Yo estoy aquí para impartir justicia. ¡Y tú eres culpable!".

    El individuo, lejos de amilanarse, y ante los ojos atónitos de quienes le rodeaban, insistió: "Pero, ¿por qué? Ya existen leyes para juzgarnos. Y yo no soy culpable de nada. Y si creyeras que he hecho algo malo, sería inocente hasta que se demostrara lo contrario. Tú no eres Dios". El emperador montó en cólera, pergeñó su más elaborada mueca de desprecio y, dirigiéndose a la multitud, ordenó:

    "Conducidlo a la prisión y recluidlo. Corred todos los pasadores, cerrad todas las cerraduras y lanzad las llaves a lo más profundo del lago. Alejad a vuestras familias de él y dejad que se pudra en su celda. Porque yo lo he juzgado y he visto la culpabilidad en sus ojos. ¿Alguien quiere decir algo más?".

    Nadie dijo nada. Prendieron al individuo y cumplieron las órdenes. A un movimiento de la mano del faraón se disolvió el gentío.

    Ya solo, el soberano se sentó y reflexionó sobre su bondad. Sabía que él era el elegido. Y decidió cuál sería su nombre a partir de entonces. Se haría llamar Su Alteza el Príncipe Makiavelo.

    July 23

    Yo le canto a Proserpina, aquella cuyo hijo orina en la cálida piscina

    "¡Izan, Izan! ¡Ven aquí, corre!". Izan es, obviamente, Ethan, y la que profiere los gritos su madre. Una madre en bikini –estamos en la piscina–, edad indefinida entre los treinta y algo y los cuarenta y algo, tatuaje indescriptible en su omoplato derecho. Si justo antes de hacerse el tatuaje le hubieran enseñado cuál sería su imagen años después, seguramente hubiese cambiado su decisión y no se lo hubiera hecho. Pero ahí está. Es de suponer que sabe cómo se escribe el nombre de su hijo, aunque personalmente tengo mis dudas.

    Ethan tiene pis. Su madre debería conducirlo a los lavabos, pero considera que el trayecto es demasiado largo. Coge al niño y lo pone a orinar en los rosales que bordean la zona de solarium de la piscina. Qué asco... Si lo hiciera yo seguramente me echarían, me insultarían, me multarían, me castrarían... Pero los niños son tannnnnn moooooooooonossss...

    Está prohibido fumar. Multitud de carteles, uno en cada árbol, avisan de ello. Pero eso a la madre de Ethan le importa bien poco. Tal vez porque no sabe leer, no lo sé, pero ella fuma. Sin complejos. Bueno, fuma ella y un montón de gente. A los vigilantes no les preocupa lo más mínimo. Sólo se ocupan de abroncar a algunos adolescentes hiperhormonados que juegan a lanzarse, de forma peligrosa, a la piscina. ¡Qué bonito es el civismo...!

    Frente a mí aparece un tipo conocido. No lo soporto. Parece un cerdo, tiene aspecto de cerdo, de hecho es su cara la que lo asemeja a un cerdo. Y su actitud también: se le ve muy autosuficiente. Una autosuficiencia de esas que tiene el necio que pontifica y que se otorga la razón a sí mismo en virtud de la autoridad que le confiere haberse comprado un 4x4 último modelo.

    "Si te dicen que caí" permanece abierto entre mi mano y la toalla. Me resulta difícil sumergirme en él a causa de tanto estímulo auditivo y visual.

    Una manada de adolescentes habla como si estuvieran a kilómetros de distancia unos de otros. Cosas del equipo de fútbol sala en el que juegan. Interesantísimo. Se diría que pretenden que todas las adolescentes de la piscina sepan que ellos son los reyes del mambo. Pero ellas están a lo suyo, jugando a cartas.

    Mis hijos vienen corriendo, empapados, hasta la toalla, y he de recordarles por enésima vez que no hace falta que corran, que el mundo aún no se acaba, y que hagan el favor frenar antes, porque me salpican a mí y al libro. "¿Podemos ir a la piscina grande?". "Esperad dos minutos a que vaya yo, ahora os aviso". Y se vuelven a la pequeña.

    Pereza. Me levanto, me quito las gafas, compruebo que el bañador está atado y les digo que ya pueden ir. Mientras se meten en la grande yo miro la ducha con pocas ganas. El agua de la ducha siempre es más fría que la de la piscina, pero es obligatorio pasar por ella. La abro y me pongo debajo. Vale. Me meto con calma en la piscina grande, con los pequeños. Nado un poco, nadamos un poco, esquivando a los idiotas que se lanzan en bomba o dando volteretas sin importarles quién hay debajo, y buscamos un hueco en el borde para jugar un rato. Buceo. Cojo aire y me sumerjo, vacío mis pulmones poco a poco hasta que acabo depositado en el fondo de la piscina. Me siento. Allá abajo todo parece diferente. Se me acaba el aire y salgo a la superficie. Estoy harto de las gafas de piscina, de la goma del pelo con la que me lo recojo y de los gritos de la gente. Seguimos jugando.

    Empiezo a estar demasiado arrugado, así que los mando de vuelta a la piscina pequeña mientras yo vuelvo a ducharme y me dirijo a la toalla. Me seco y cojo el libro. Dentro de poco más de media hora tendremos que irnos.

    "¡Izan, Izan! ¡Ven aquí, corre!". Izan es, obviamente, Ethan, y la que profiere los gritos su madre. Una madre en bikini...

    June 02

    Picores

    He notado un picor en la cabeza, así que me he rascado un poquito, buscando con la yema del dedo la causa de la molestia. He descubierto lo que al tacto me ha parecido una pequeña costra, y no he podido evitar intentar despegarla. Curiosamente, pese a su aparente insignificancia, la costrita ha empezado a soltarse y tras ella ha seguido lo que debía ser un pedazo de piel. Podría decir que me he visto obligado a continuar, pese a que notaba que los dedos se humedecían con un líquido tibio que no he querido mirar. He seguido estirando y he tocado algo duro, lo he golpeado suavemente y ha retumbado en mi interior, era algo así como hueso. Sí, era hueso, concretamente el cráneo, que ha quedado al descubierto. Como no sentía dolor alguno, he decidido seguir y seguir y seguir, y al final he logrado encontrar un fragmento blando por el que hacer un pequeño hueco y extraer lo que tantos años me ha costado encontrar: una idea que valiera la pena. Lástima que ahora que la estoy mirando, depositada sobre la mesa, mi cerebro no sabe en qué consiste exactamente.


    May 13

    Obituario

    A veces uno no sabe bien qué cara poner. Anteayer falleció una vecina de mis padres. No era mucho mayor que yo, pero sí lo suficiente para que, desde que yo tenía doce o trece años, ella me acogiera en su casa siempre que se daba la ocasión. En su casa descubrí libros de esos que hablan de misterios de pirámides, de cosas ocultas, etc.: leí varios de ellos, y reconozco que tenían su punto interesante. También me daba a veces algo de merendar, generalmente algún pastelito de esos que no abundaban en mi casa. No sé por qué, pero la cuestión es que siempre me trató con mucho cariño.

    Ahora ha dejado solos a su marido y su hijo. Según me han dicho, en realidad ya hace algunos años que su existencia era poco menos que una presencia fantasmagórica. Creo, siempre lo he creído, que su cabeza nunca estuvo del todo bien amueblada. Pero no porque viviera en un mundo ficticio, sino tal vez por todo lo contrario: su mundo tal vez era demasiado real y necesitaba huir de él lo antes posible. Parece ser que le ha costado tres años conseguirlo, pero al final lo ha hecho.

    No he ido al tanatorio. Ni al entierro. Si he de ser sincero, no creo que sea correcto no haberlo hecho, pero... Ya hace tiempo que las penas me afectan sólo relativamente, y si lo hacen creo que prefiero interiorizarlas. Pienso que la gente sólo está viva si ocupa un pequeño o gran espacio en el pensamiento de los demás, algo que también afecta a los vivos: la muerte no es una gran diferencia en este caso. Yo sé que ocasionalmente me acordaré de ella, seguramente cada vez que pase por delante de su puerta para ir a casa de mis padres, y tal vez cuando algo me traiga a la mente algún recuerdo.

    En realidad, creo que si su familia reflexiona profundamente se dará cuenta de que ha alcanzado lo que buscaba, una paz de la que debió de ser privada hace muchos, muchos años.

    Aunque sus cenizas no puedan disfrutarla.


    January 16

    Yoes

    A estas horas ya no tendría ni que pasar por mi cabeza la posibilidad de ponerme a escribir algo. Mi otro yo se ve que no es de la misma opinión.

    Mi otro yo, paradójicamente, es muy suyo. O sea, de él, que es lo mismo que decir de mí, pero no del todo. Queda claro, ¿no?

    Cada vez que mi yo propio se entera de algo porque lo lee, lo escucha o lo ve, mi otro yo se empeña en poner a carburar su propia mismidad y, en décimas de segundo, como quien dice, elabora maravillosos discursos plenos ellos de verdades verdaderísimas y lógicas logiquísimas. Aplastante, él.

    Mas su infortunio reside en que carece de extremidades para dejar un registro de tamañas hazañas. Y el yo propio, que sí que posee no ya sólo extremidades, sino un cierto control sobre ellas, adolece de una cierta pereza, vagancia o, las más ocasiones, simple y llana desidia.

    Así pues, mi otro yo pretende enzarzarse, cada vez que le conviene, en contiendas que a estas alturas ya debería saber que tiene perdidas de antemano. Trata de enraizarse alrededor de mi yo propio y lo camela, y él le dice que no, luego lo azuza, y él venga que no, y entonces lo pica, y él que no, que no y que no. Al final se rinde, por poco tiempo pero se rinde. Porque más tarde vuelve a la carga con otra paranoia de las suyas.

    Mi yo propio es de por sí poco colaborador y nada beligerante. Nunca entra en disquisiciones con mi otro yo, y si la cosa se pone fea y no hay retirada a la vista, opta por dar la callada por respuesta y se pierde en su inútil anonimato. A veces incluso silba, por aquello de disimular.

    No hay forma de mantener el equilibrio entre ambos. Mi yo propio es conciliador y no le gustan las situaciones complicadas ni violentas; mi otro yo es un quejica y le gustan las situaciones embrolladas y agresivas. Es una suerte que el ganador sea siempre mi yo propio.

    Pero, muchas veces, hasta él mismo desearía que fuera mi otro yo quien dirigiera el cotarro.

    September 10

    "Número privado"

    Suena el teléfono móvil. Es el mío. Creo. Cada vez que le cambio la melodía me lleva un tiempo asimilarla y reconocerla. Lo cojo y miro la pantalla: “Número privado”. Un nombre y un adjetivo. Sencillo. Suficiente para ocultar a quien aguarda al otro lado. ¿Lo cojo? No me gusta coger el teléfono cuando aparecen esas dos palabras en la pantalla. Ni cuando aparece un número que desconozco. Lo normal es que sea una operadora de Movistar. Descolgaré, me preguntará si soy T y, como siempre, contestaré que sí. Entonces ya será imposible pararla. Y en cuanto encuentre un mínimo hueco le diré que lo siento, que no me interesa nada de lo que pueda ofrecerme, que me coge en un mal momento, que no puedo... Lo que sea. Me dirá que me llama otro día y contestaré que vale, que sí, con la vaga esperanza de que se olvide de mí y no me llame nunca más. ¿Lo cojo? ¿Y si no es una operadora de Movistar quien me llama? ¿Y si es Hacienda? ¿O el trabajo? Me agobio. Lo cojo.

    – ¿Diga?

    No oigo nada. De repente, se corta. ¿Se ha cortado? ¿O han colgado? ¿Sería la operadora de Movistar, que se ha cansado de esperar, y me volverá a llamar mañana? ¿Habrá coincidido justo el momento en que he descolgado con el instante en que ella pretendía colgar, y me volverá a llamar mañana? ¿Sería alguien de Hacienda y habrá colgado porque he tardado en cogerlo, y no me volverá a llamar mañana y me mandará una carta porque hay algún fallo en la declaración? ¿Sería alguien del trabajo con algún gran problema y acabaré sufriendo las consecuencias? ¿Sería...?

    Jodido “Número privado”...


    July 03

    El suicida

    No podía más. Lo había intentado todo: buscar un trabajo mejor pagado, pluriemplearse, solicitar ayudas sociales, implorar, humillarse... Pero no hubo forma. Los gastos que implicaba su simple supervivencia nutricional bajo un techo que le cobijara superaban con creces el montante de sus ingresos. Acabó por rendirse.

    Pensó en las diferentes maneras de suicidarse que conocía, pero no tenía la más mínima idea de cómo comprar un arma verdaderamente efectiva; ni el valor suficiente para pasarse una lazada por el cuello y colgarse ni, qué decir tiene, para cortarse las venas en una bañera; ni conocía la dosis necesaria de pastillas para abandonar el mundo en vez de quedarse en él como un zombi. No tuvo más remedio que descartar estas ideas. Además, nunca le había gustado molestar a nadie, así que lo de tirarse a las vías del metro o interponerse en el camino de un autobús tampoco eran soluciones que pudiera contemplar.

    A la vista de las opciones, no le quedó más remedio que valorar la posibilidad de lanzarse al vacío desde una azotea, eso sí, en un momento en el que nadie pasara por debajo y, por supuesto, avisando previamente a las autoridades para que recogieran cuanto antes el cadáver, no se diera el caso de que lo viera algún crío y le provocara algún tipo de trauma del cual no pudiera recuperarse jamás.

    Dicho y hecho: eligió el lugar, un edificio no muy alto pero con unas preciosas vistas de la ciudad (ya que había decidido morir, no había motivo alguno para no hacerlo llevándose al otro mundo una bonita imagen en la retina), y el momento, a primera hora de la mañana, hacia las seis más o menos (así sólo recortaría una o dos horas de sueño a la gente que escuchara las sirenas, en vez de provocarles contratiempos más importantes).

    Llamó a la policía a las seis menos cinco desde la azotea con el teléfono móvil, que luego dejó bien colocado en el suelo para que alguien pudiera aprovecharlo, y en cuanto el reloj marcó las seis salió a la cornisa. Antes de lanzarse, respiró hondo y miró el extraordinario paisaje urbano que emergía tras los primeros rayos de sol. Lo degustó durante casi un minuto.

    Las sirenas de los bomberos y la policía se comenzaban a oír a lo lejos... El cálculo había sido perfecto: si todo iba bien, en menos de una hora habrían levantado su cadáver. Entonces, parsimoniosamente, muy seguro de sí mismo, bajó la vista para asegurarse de que nadie pasaba por allí en aquel preciso instante.

    No alcanzaba a encontrar ninguna explicación. ¿Cómo habían logrado enterarse de sus intenciones? ¿Cómo habían sido capaces de llegar antes que el cuerpo de bomberos y que los coches patrulla?

    Abajo, diez hombres perfectamente trajeados habían desplegado, con un sigilo y efectividad impresionantes, un gran colchón en el cual, desde donde él se encontraba, podía leerse:

    Caja de Ahorros Popular y de Crédito Avanzado
    “LA CAPCA”
    División de Operaciones de Riesgo
    Subdivisión de Salvamento de Hipotecas.


    Toda su paz interior se vino abajo. Creció en él una ira que se cristalizó en un odio visceral hacia esos diez monigotes y todo lo que representaban. Miró a cada uno de ellos y localizó al que daba las órdenes. El jefe. Ese era el jefe. Calculó el impulso, la trayectoria, y...


    April 25

    Trayecto con anciano


    En el blog de Kit hay una historia sobre ancianos parlanchines que me ha recordado
    una experiencia que tuve hace tiempo, y he pensado en escribirla.

    Cuando se tiene una relación de pareja se asumen algunos inconvenientes. Hace muchos años yo tenía que acompañar indefectiblemente a la chica que entonces salía conmigo a su casa cada día. Eso implicaba volver solo en metro a horas intempestivas, esas en las que lo último que le apetece a uno es subir a un vagón de metro: cuando no estaba inhabitado, lo ocupaba gente digamos que poco recomendable.

    Pues bien, una de esas noches se sentó a mi lado un señor mayor, pelo cano y cara poblada de arrugas, que me empezó a dar palique. Comenzó a explicarme que era de la Iglesia XYZ (sustituir XYZ por algo así como "Evangélica del Séptimo Día y las Últimas Palabras del Santísimo Cristo de las Injurias", por ejemplo) y que Dios los tenía en especial aprecio. Le pregunté el motivo y la conversación fue más o menos así:

    – ¿Te acuerdas de que hace un año hubo un apagón general?
    – Sí, claro que me acuerdo.
    – Bien, pues mientras todos estabais a oscuras, en nuestra iglesia no tardó ni un minuto en volver la luz.
    – ¿Ah, sí? ¿Y eso?
    – Porque Dios quiso iluminarnos mientras oficiábamos en el local donde tenemos la iglesia, y...
    – ¿Y?
    Entonces, con una sonrisa de lo más dulce y socarrona me soltó:
    – ... y porque tenemos un generador autónomo para casos de emergencia.

    Me dio la risa, seguimos hablando animadamente sobre temas como que no es lo mismo tener fe que ser idiota, y al final se bajó conmigo, una estación antes de su destino, para acabar la charla por la calle.

    Fue realmente curioso, entre otras cosas porque en ningún momento trato de convencerme de nada: tan sólo decía que lo importante en la vida es ser buena persona y tener sentido del humor.


    VÍDEO: "Scar Tissue", de Red Hot Chili Peppers. Un tema precioso de una banda genial con una vida marcada por las adicciones, por suerte aparentemente superadas.


           



    April 23

    Motivos para cambiar

    Ya sé que ayer comenté que no me gustan las celebraciones multitudinarias como el día de Sant Jordi. Sin embargo, quiero aclararte que sí que me gustaría salir de paseo contigo por cualquier rincón de Barcelona y ver todos esos tenderetes llenos de rosas de colores y la invasión de libros recién editados o casi. Y ver a sus autores firmando, mientras en sus ojos se aprecia el símbolo del euro, a modo de caja registradora, a medida que avanza la cola configurada por potenciales lectores ávidos por llevarse a casa una dedicatoria personalizada. La línea que separa lo entusiasta, lo kitch y lo freaki es muy delgada, pero en ocasiones hay que sumergirse sin hacer demasiadas valoraciones.

    Así que dejo constancia de que te debo una. El próximo Sant Jordi haré fiesta e iremos arriba y abajo viendo rosas de colores y libros de todos los tipos y tamaños. Porque he pensado que no vale la pena mantener a rajatabla la forma de ser que uno ha ido forjándose a lo largo del tiempo. Creo que hay que ser más abierto y dejarse llevar por experiencias que se han asumido como molestas o poco agradables. Además, la compañía lo es todo, y lo que una vez podía resultar un agobio puede transformarse en algo maravilloso.

    Firmado y rubricado por mí (mismamente, Dios menguante).


    VÍDEO: "The reason", de Hoobastank. Pedazo de tema de 2003, probablemente el mejor del año. Y un buen vídeo que lo hace aún más potente. Esta canción no tiene nada de intrascendente: "I've found out a reason for me to change who I used to be, a reason to start over new... And the reason is you" (He encontrado un motivo para cambiar mi forma de ser, un motivo para empezar de nuevo... Y el motivo eres tú).


         




    April 22

    Ocioso...

    Hoy estoy ocioso. Estoy solo, he llegado del trabajo alrededor de las siete, con más hambre que los gatos de Marquitos (que oyeron cantar “La Raspa” por el transistor y se lo comieron) porque hoy no he comido, y dado que estoy de un perezoso que tira para atrás he apurado una bolsa de patatas fritas y me he hecho unas palomitas. ¡Qué narices, un día es un día, y no creo que me vaya a morir...!

    Luego he pensado que podía aporrear un rato la guitarra, así que me he ido de paseo a una web donde están los acordes de varios temas de Dire Straits y he podido desfogarme un rato. Poco, de todas maneras, porque después de haberme pasado todo el día ante el ordenador se ve que a mi hombro izquierdo no le apetecía adoptar según qué posturas, y he tenido que dejarlo después de “Romeo and Juliet” y “Sultans of Swing”. Entonces he pasado por algunos blogs conocidos, he leído lo que han escrito y he dejado unos comentarios.

    Durante todo el rato he estado acompañado por un programa de radio que emergía de los altavoces conectados al ordenador y por el televisor sin voz donde el Liverpool y el Chelsea trataban de aburrir a las ovejas, hasta que ha empezado House y he puesto el vídeo a grabar. Para acabar, me he comido un yogur cremoso de coco (con sus trocitos de coco incluidos) y he decidido acabar de escribir esta absurda entrada.

    En definitiva, una tarde escasamente trascendente, pero como no tengo el día para pensamientos demasiado elevados después de haber bregado durante toda la mañana con retorcidos funcionarios y funcionarias bruselanos y bruselanas, pues ya me ha ido bien.

    Y mañana, Sant Jordi, algo que no tendría mayor importancia de no ser porque todo parece reducirse al puñetero día de la rosa y el libro. Las calles se vestirán de colores, las parejas retozarán alegres, y yo me estaré acordando todo el día del puyazo que me va a clavar el tipo del taller en el que dejaré el coche a primera hora. Y es que este romanticismo de plexyglass me provoca algún que otro leve ataque alérgico, que por fortuna no requiere la administración de antihistamínicos...


    VÍDEO: Hay tantas canciones intrascendentes en el mundo de la música que me cuesta elegir solamente una, así que recomiendo a quien lea esto que elija una que le resulte especialmente insignificante y la intente localizar en youtube, a ver si le ve un lado bueno. Se aceptan sugerencias y explicaciones de la experiencia.



    April 01

    Desinterés por el interés


    Al igual que la historia de la entrada anterior, esta fue escrita hace ya algún tiempo, y la he encontrado revoloteando por el subdirectorio de un subdirectorio de un subdirectorio de un directorio perdido en una de las unidades del ordenador. Aquí el protagonista es Plumf en vez de Bromfl, y es que difícilmente puedo sustraerme a pasear, desde la humildad y la admiración, por los bosques de Quim Monzó y Pere Calders mientras recojo algunas de las flores que han plantado.


    A Plumf le gustaría ser más alegre.

    Plumf nunca ha sido precisamente la alegría de la huerta, hasta él lo sabe, y muchas veces ha intentado apartar la melancolía de su rostro, pero a los diez minutos se cansa y vuelve a perderse en su mundo.

    Su mundo es diferente e irreal. Piensa que el tiempo se divide en dos tipos de horas: las demasiado-pronto y las demasiado-tarde. Ninguna de ellas es buena para iniciar cualquier tipo de actividad interesante. Se diría que Plumf es un vago redomado, pero él no lo cree: de hecho, cuando decide ponerse a hacer algo, se pone de verdad, y no concede tregua alguna. Estas ocasiones, que suceden sólo de vez en cuando, interrumpen su habitual indolencia, en la que Plumf, inerte, espera que algo suceda. Y así día tras día, noche tras noche.

    Uno de sus deseos es que alguien invente una grabadora de pensamientos. Miles de ideas surgen de su cabeza, centenares de inicios de fantásticas novelas, y salvo raras excepciones, todo acaba cayendo en el olvido. La mente de Plumf es rápida, rapidísima, capaz de crear montones de historias, cortas y largas, simples y complejas, sin que exista posibilidad alguna de plasmarlas en un soporte perdurable. Si tan sólo pudiera almacenarlas, tal vez podría valorarlas con tranquilidad, una a una, y tomar una decisión respecto a qué hacer con ellas. De momento, flotan por el limbo de las historias perdidas.

    Plumf quisiera poseer espíritu de coleccionista. Ojalá, piensa, existiera algo que le llamara la atención tan poderosamente que fuera incapaz de sustraerse a la necesidad de buscar, recoger, clasificar y guardar ese motivo de sus desvelos. Pero tampoco. Y no es que Plumf carezca de curiosidad, al contrario: es sumamente curioso, y a poco que algo le perturbe intenta conocer más sobre ello, sea lo que sea. El problema es el de siempre: una vez ha comprendido lo básico, la intensidad de su interés disminuye, y ahí queda todo.

    Otra cosa que le inquieta es la tendencia al desprecio por sus congéneres. A Plumf le gustaría ser más abierto y receptivo, más considerado y menos egocéntrico. Mas cada día que pasa su intransigencia aumenta. Lo que empezó siendo hastío camina peligrosamente hacia los dominios del odio, y la melancolía que inunda su mundo irreal se convierte en tristeza y decepción.

    Y hoy ha ocurrido, hoy ha dado el paso definitivo...

    Hoy, Plumf ha empezado a odiarse a sí mismo. Ha empezado como una ligera molestia, una desazón incómoda que le ha importunado desde primera hora de la mañana. Al principio ha pensado que era hambre, y ha desayunado más que de costumbre. Su estado ha empeorado, porque se ha reprochado comer tanto y no hacer nada de ejercicio. Tal vez, ha supuesto, sea la falta de nicotina, y se ha fumado un cigarrillo. Tampoco se ha aliviado, sino que se ha insultado a sí mismo por seguir fumando, a sabiendas de que no le aportará nada bueno a su salud. Y así ha ido probando cosa tras cosa, ha salido a la calle, ha paseado, ha tomado un par de cafés, una cerveza, ha vuelto a casa... Nada, las cosas han ido de mal en peor.

    Plumf está sentado en el sofá. Contempla el muestrario de medicamentos que ha expuesto sobre la mesa, y trata de elegir qué combinación y cantidad le proporcionará el sosiego que necesita. Mira todos y cada uno de los prospectos, anota efectos y cantidades para la sobredosis, y estudia y selecciona las cifras hasta que toma la decisión y coloca las diferentes pastillas que necesita en el interior de un vaso. Ahora todo está preparado.

    Pero Plumf ha vuelto, una vez más, a perder el interés. Ha logrado el objetivo, ha sido capaz de desarrollar la idea por completo hasta el penúltimo eslabón. Ha sido CAPAZ. Lo deja todo tirado sobre la mesa y se acuesta en la cama. Mañana será otro día.



    VÍDEO: "Lamento de gaitas", de Los Archiduques. Este es un grupo asturiano de los años 60 sencillamente IMPRESIONANTE, y no sólo por su visión de la música, sino por haber contado con Tino Casal como cantante a partir de 1967. En esta canción Casal ya demuestra por qué ha sido la mejor voz española (y punto). Me gustaría que la gente la escuchara y que la pusiera en su contexto: 1967. Temas como este hacen que me reafirme aún más en mi idea de que la música española actual es, en general, lamentable.

      

    March 27

    Consecuencias


    Una tarde de hace tantos años como veinte o veintiuno (tengo una cierta laguna mental de difícil resolución), antes de que comenzara el concierto de Mecano para el que teníamos entrada (sí, yo fui a un concierto de Mecano, todos tenemos un pasado), un compañero de la primera facultad que pisé me dijo que tenía pánico a ofrecer siquiera una palabra de ánimo a quien se la pudiera reclamar, ya que pensaba que esa simple acción podía tener una relevancia en la vida de esa persona, y él no quería cargar con tal responsabilidad, fuere cual fuere. Creo que fue mi primer encuentro con el efecto mariposa y, por ende, con la teoría del caos.

    Bromfl caminaba tranquilamente por la acera mientras escuchaba la música que surgía atronadora de su mp3, y en vez de evitar al atribulado transeúnte que venía de frente, decidió no variar su trayectoria y chocar hombro con hombro: ¡que se aparte él si quiere! El impacto hizo que el tipo perdiera el equilibrio, pisara mal el bordillo y se desplomara en la calzada, con la mala fortuna de ser mortalmente atropellado por un coche que fue incapaz de evitarlo. El conductor del vehículo descendió desquiciado, mientras los peatones gritaban y trataban de atender al accidentado y llamaban a la policía. Llegó la autoridad y la ambulancia, y los agentes hicieron la prueba de alcoholemia al conductor, que dio positivo por poco margen.

    Lo detuvieron y al día siguiente salió publicado que el director general europeo de una de las empresas eléctricas más importantes a nivel mundial había sido detenido en estado de embriaguez tras arrollar a un padre de dos hijos que se dirigía a toda prisa al hospital para acudir al parto de gemelos de su mujer. El valor de la empresa en bolsa cayó inmediatamente antes de la reunión del gabinete de crisis del consejo de administración, lo que provocó que esta fuera tensa y que se produjeran escisiones importantes para nombrar al nuevo presidente.

    A la vista de los acontecimientos, temeroso de perder su privilegiado estatus alcanzado tras tres años de sumisa adulación a sus superiores, uno de los responsables del departamento de contabilidad decidió salvarse de la quema y filtró a la prensa, a cambio de una importante cantidad económica, unos documentos comprometedores que fueron la chispa inicial de una investigación que llevó a la cárcel a buena parte de los socios, acusados de la comisión de diferentes delitos económicos. Los accionistas sufrieron pérdidas que condujeron al suicidio a algunos de los que habían invertido todos sus ahorros en la empresa, animados por su rápido crecimiento y sus excelentes perspectivas.

    La mujer que estaba a punto de parir gemelos se enteró de la muerte de su marido, en contra de la voluntad de los médicos, al escuchar a dos enfermeras comentar la situación en voz baja, pero no lo suficientemente lejos de ella. Los gemelos nacieron, pero la madre murió a causa de una desmesurada subida de tensión durante el parto.

    Bromfl jamás había pensado que no apartarse del camino de un viandante podía tener consecuencias en el mundo. De hecho, todavía no lo ha pensado, ni es consciente de que pueda ser así. Como sólo lee el Marca, sólo presta atención a los telediarios cuando empiezan los deportes y sólo escucha el Carrusel Deportivo, nunca sabrá que el principio del fin había nacido en su hombro.


    VÍDEO: No, no voy a poner nada de Efecto Mariposa. Pero hablando de tal insecto lepidóptero, dejo por aquí el tema "Distractions", de Paul McCartney, que dice en su estribillo "Distractions, like butterflies are buzzing 'round my head". Preciosa canción, maravillosamente compuesta, porque guste más o menos, hay que reconocer que este señor compone como nadie.

        



     


    February 18

    Cosas que pasan un fin de semana sí, uno no


    Un fin de semana con mis hijos es, en principio, una maravilla. Por desgracia sabe a poco, porque siento que he de ser padre a cien por hora, aprovechar el fin de semana al máximo porque luego vienen doce días de sequía para echarlos de menos. Para mí, “ser padre a cien por hora” significa estar en casa en calma, salir un ratito si se puede, pero sin estresarnos, y hacerles el desayuno, la comida y la cena, acompañarlos a la cama, darles las buenas noches... Sé que ellos lo agradecen, porque es un oasis de paz en su vida de nervios. Por eso se me parte el corazón cuando, al decirles que se vistan para llevarlos de vuelta a casa de su madre, la pequeña se va en silencio y llora, sin hacer ruido, en su habitación.

    Entiendo que la mayor me diga que prefiere estar conmigo, porque han sido muchos cambios para ella sin tener en cuenta su opinión y porque ha heredado mi carácter raro. Entiendo que el pequeño intente camelarme a base de besos, porque el cabrito es un vendedor nato, y me enternece ver cómo intenta consolar a su hermana diciéndole que en doce días volveremos a estar juntos. Pero me hundo al ver a la pequeña morderse el labio inferior mientras le caen lágrimas por las mejillas, y al sentir cómo rompe a llorar cuando la abrazo.

    Pero todo vuelve a la normalidad, y dentro de unos días nos veremos de nuevo, y todo será como doce días antes, y esperaremos a que las vacaciones nos den un montón de días seguidos para estar juntos.

    VÍDEO: “Call off the search”, de Katie Melua. En un mundo musical lleno de basura, donde hay un montón de voces femeninas que no dicen nada, la de esta chica es una absoluta maravilla. Aquí aparece acompañada de un piano y bien custodiada por una orquesta para decir cosas como “(...) no voy a malgastar mi vida contemplando las estrellas del cielo mientras me pregunto si el amor pasará por mi lado. Ahora que te he encontrado, doy por acabada la búsqueda”.



     

     


    January 30

    Sin mucho que decir, nada más que...

    Uno (tengo la tendencia a escribir “uno” cuando hablo de mí mismo, qué le vamos a hacer), uno, decía, pensó que, al disponer por fin de internet en casa, podría escribir en el blog un poco más frecuentemente. Pero no...

    La escasez de tiempo, ganas y, en última instancia, creatividad (sustituible por trabajo constante, ergo tiempo y ganas) son los factores que necesito que estén en conjunción para escribir. No es una conjunción astral, pero a juzgar por la dificultad que parece existir para que se produzca, pues casi.

    En épocas como esta, lo fácil es coger cualquier noticia, evento o tema de actualidad y hacer una crítica destructiva (camuflada si es posible de constructiva). Sin embargo, creo que es mejor evitar la tentación, y para ello nada como recordar a los nunca bien ponderados (como diría Constantino Romero) Les Luthiers y parte de la letra de su gran “Bolero de Mastropiero”:

    Johann Sebastian Mastropiero, luego de separarse de su amada condesa Schaar Schatz pasó por una repentina ausencia de inspiración con una total imposibilidad creativa. Consciente de su incapacidad, Mastropiero resolvió dedicarse a la crítica musical, aceptar el cargo de superintendente de música de la Comuna, ocuparse de la supervisión artística de un importante sello grabador y dirigir un conservatorio, el Centro de Altos Estudios Musicales Manuela”.


    Para no ser, pues, como Mastropiero y sus seguidores, que son legión, prefiero aparecer por unos instantes, sin mucho que decir, y con el único objetivo de dejar constancia de que aún existo.

    ¡Ah, y para dejar un vídeo! Apa, adéu!!!

    VÍDEO: “No hay sitio mejor donde vivir”, de Dani Flaco. Dani recorre, con su voz rasgada, los barrios de L’Hospitalet de Llobregat, y uno (sí, yo mismo de nuevo), por haber crecido allí, no puede dejar de emocionarse. Y tampoco puede evitar pensar que, si en vez de retratar L'H estuviera hablando de Chamberí o Carabanchel, no le faltarían emisiones en las radio-fórmulas. Por suerte Dani Flaco tiene mucho más, así que recomiendo que la gente escuche su primer CD, que ya tiene un par de años, titulado "Salida de emergencia", y que en febrero o marzo (fecha de publicación) le dé una oportunidad al segundo, "Fuerzas de Flaqueza". Apostilla: el mismo uno no puede ser condescendiente con la gente que alardea de entender algo de música, letras e incluso poesía y, creyendo que nadie es mejor que Joaquín “llevo-diez-años-de-mediocridad-absoluta” Sabina, menosprecian a autores que luchan por abrirse paso con las armas de la delicadeza, el sentimiento y la honestidad. Peor para ellos. Si no eres de esos, date una vuelta por http://www.daniflaco.es.

        




    November 22

    ¡Ofertas, ofertas de todo tipo, pasen y vean...!


    – ¿Sí, digui’m? –contesto al teléfono (se ve que por una tara adquirida tengo una cierta tendencia a contestar al teléfono en catalán: pido disculpas a algún neonazi que pueda estar leyendo esto, a la par que le comento que expresiones como “¡viva España!”, “¡catalanes de mierda!”, “¡polacos!” o “¡Zapatero, muérete!” son de difícil introducción en conversaciones que versen sobre temas mínimamente vinculados a la cultura, y me permito añadir, como consejo gratuito, que leer no duele).
    – Hola, buenas tardes, ¿el señor XXX? –una voz de comercial emerge del altavoz.
    – Sí, soy yo mismo –le digo (puede observarse un hábil cambio de lengua, gracias al sorprendente mecanismo que nos permite a los bilingües diversificar nuestro cerebro, cosa que puedo asegurar que es igualmente indolora, y lo afirmo con fundamento, ya que ningún cambio entre los varios idiomas que hablo –con fluidez diversa– me produce sarpullidos ni nada que se le asemeje).
    – Le llamo de Digital Plus, ¿le cojo en un mal momento?
    – No, no, en absoluto, dígame.
    – Verá –me comienza a explicar–, usted se dio de baja el mes de junio, pero queremos decirle que si conecta ahora mismo el decodificador podrá disfrutar de forma TOTALMENTE GRATUITA de TODA NUESTRA PROGRAMACIÓN hasta el mes de marzo del año próximo.
    – Bueno, gracias, pero esta oferta ya me la han hecho un par de veces desde que me di de baja, y ya comuniqué que donde vivo ahora no puedo poner la antena.
    – Ah, vaya, ¿no tiene ninguna posibilidad? ¿Ni en la comunidad?
    – No –insisto–, parece ser que tienen algún problema, y prefiero no insistir.
    – Ajá, bueno, entonces nada, señor XXX, muchas gracias por atenderme.
    – De nada, gracias a usted. Buenas tardes.
    – Buenas tardes.

    Me di de alta en Canal Plus en 1993, y desde entonces hasta junio de 2007 pagué como un campeón, y en ningún momento recibí la menor oferta que me permitiera tener acceso a más canales, excepto cuando me “obligaron” a cambiar a Digital Plus: en aquel momento, a cambio de renunciar a la fianza del decodificador, pude ver bastantes canales durante tres o cuatro meses por el mismo precio de siempre. No se puede considerar un regalo, precisamente.

    Me fastidian estas técnicas de marketing, especialmente porque utilizan mi número de teléfono con total impunidad para llamarme a cualquier hora, sin tener ninguna consideración sobre la hora ni mis ocupaciones. Pero parece ser que hay que habituarse a vivir con ello.

    Algo igualmente fastidioso me ocurrió hace un par de días, ya que me llegó, procedente del número +34679135929, el siguiente mensaje al móvil, que paso a transcribir literalmente:

    perdona no quiero que pienses mal de mi solo quiero que leas lo que te he escrito y luego decidas. Envia LEER al 7550 para leer tu msj cst 1,2E i.i.exc”.

    Simplemente fascinante. Puedo asegurar que jamás he mandado ningún mensaje para bajarme tonos, ni para darme de alta en ningún servicio, ni para ninguna de estas paranoias que anuncian continuamente en la televisión, así que me pregunto: ¿qué narices hace Movistar con sus bases de datos para que cualquiera pueda mandarme spam como si tal cosa?

    Uno, en su ingenuidad, cree que nadie es tan imbécil como para picar con este tipo de tretas (por cierto, ahora recuerdo que es la segunda vez que me llega un sms de características similares). Pero, por otra parte, me resisto a creer que la “empresa” que los envía lo siga haciendo si no obtiene ninguna respuesta. La deducción, por lo tanto, es de lo más lógica: efectivamente, hay imbéciles que contestan.

    Y digo yo: ¿en qué narices piensan para dejarse, como mínimo, 1,40 € en semejante patochada? Supongo que realmente creerán que hay alguien que, rendida/o a sus encantos, y con ese pudor y timidez tan entrañables, ha decidido ponerse en contacto a través de mecanismos que respetan, en cierto modo, su anonimato. Pero, por el amor de Dios, tío/a, ¿tanta desesperación corres por tus venas? (lo siento, no quería provocar en nadie el recuerdo de Ramoncín).

    Total, que estamos expuestos al spam, al phishing, y a poco que nos descuidemos al fisting, al BDSM y al teto. Y no parece que la cosa tenga mucho remedio, y mucho menos aún si entra en juego la OCU o similares. Porque hay que joderse con las organizaciones de consumidores, que cada vez que abren la boca sube el pan.

    Recuerdo algunas de sus grandiosas actuaciones, como por ejemplo la denuncia del redondeo que aplicaban las operadoras de telefonía móvil en sus tarificaciones, gracias a la cual han logrado que todas se pongan de acuerdo y nos aumenten el precio por segundo, de tal forma que ahora pagamos más que antes. O la del redondeo en las fracciones de hora de los aparcamientos, que también ha acabado con un aumento de las tarifas por minuto.

    A ver, señores de las organizaciones de consumidores, ¡que los negocios privados no van a perder dinero! ¿Es que no está claro? Si deciden ustedes, con buen criterio, denunciar conductas abusivas, pues vayan más allá y hagan todo lo posible por impedir que aprovechen dichas denuncias para sacar más pasta de la que ya nos sacan. Y si no van a ser capaces de hacerlo, pues... ¡no os metáis, leche!

    Pues hala, como dijo el trovador, “si poeta eres y versos compones, tócame... unas coplillas”.



    November 19

    Zumzumzumzummmmm

    El viernes llegué a casa por la tarde y me detuve por unos instantes al final del pasillo para contemplar el salón para saborear la calma que me produce su renovado aspecto. Suspiré largamente, y el aliento pareció llevarse parte del cansancio acumulado a lo largo de los últimos cinco días, a la vez que conjuraba un fin de semana de paz y tranquilidad: dos días de soledad, sin compromiso ni responsabilidad alguna. Pero, aún más importante, dos noches en las que podría poner al día mis neuronas dándoles descanso, mucho descanso. Pero...

    Cuando me pasa algo que creo que no merezco, suelo decir que en mi otra vida he debido de ser muy malo, algo así como, por ejemplo, abogado. Y esta vez lo volví a pensar. Al lado de la ventana de mi dormitorio está la acometida del gas de la finca. De ella surgía un ruido, una vibración, un zumbido como el que produciría una pequeña cortadora de césped, y este se transmitía a través de la cámara del tabique para envolver toda mi habitación con su runrún. Cerca de las diez de la noche, sin embargo, cesó. Me acosté un par de horas más tarde, y al rato empecé a dormir, no sé si el sueño de los justos, pero sí muy relajadamente.

    A las ocho de la mañana del sábado... Zummmmmmzummmmzumzumzummmmmmmm... El ruidito. Me desperté. Bueno, no hay mal que por bien no venga: llamé a Gas Natural, donde me prometieron que a lo largo del día pasarían, recogí el piso, puse una lavadora, desayuné, me senté en el sofá y me dispuse a ver las semifinales de la Master Cup de Tenis de Shanghai. Disfruté con las victorias de David Ferrer y Roger Federer, tendí la ropa e hice la comida. El día se presentaba tranquilo: vendrían los técnicos de Gas Natural, arreglarían el problema y saldría por la tarde a dar una vuelta.

    Pero los técnicos no llegaban. Les di de margen hasta las seis. Como seguían sin venir, volví a llamar. La telefonista, tan amable como la de la mañana, me comunicó que un técnico había dejado anotado (¿en el programa informático?) que no era cosa de ellos. Le dije que nadie me lo había comunicado, a pesar de haber dejado mi teléfono de contacto, que estaba perdiendo todo el sábado, y le pedí educadamente que, por favor, lo consultara con alguien. Lo hizo, me dio la razón y me aseguró que enviaban un equipo. A las siete, se presentaron un señor con cara de fastidio y un joven bastante agradable. Lo miraron, y el señor soltó, al más puro estilo español:

    – Uy, esto no es problema nuestro... A ver – le dijo al chico–, comprueba si la instalación es nuestra.
    (...)
    – ¿No? Entonces tendréis que llamar a un instalador autorizado. Si fuera nuestro te enviaríamos a uno, pero como no lo es, no podemos.
    – Ya –comenté–, pero ¿es peligroso?
    – No, qué va, es la junta del regulador de la finca, que no tendría que vibrar, pero se ve que cuando sube la presión, vibra y hace ese ruido. Se cambia el regulador y ya está.
    – Ah... Y ¿no se puede hacer nada?
    – Bueno... A ver, vamos a intentar bajar un poco la presión por si sirve de algo.


    Y la bajaron, de 650 a 550 mb, asegurando que era más que suficiente para todos los vecinos. Les agradecí el trabajo, y se fueron. El ruido cesó. Pensé que todo había acabado. Me acosté moderadamente feliz porque aún tenía una noche para descansar.

    Y a las siete de la mañana del domingo... Zummmmmmzummmmzumzumzummmmmmmm... ¡Mierda! Cabreado, me levanté esperando que desapareciera en un rato. Pero no. Aproveché para ver la final entre David Ferrer y Roger Federer, recoger la ropa tendida el día anterior, poner otra lavadora, salir a comprobar la presión de las ruedas del coche y comprar el pan, tender la ropa, hacer la comida y comérmela. Luego, me senté en el sofá para descansar un rato, pero el zumbido no paró en ningún momento y no me permitió hacerlo. Por suerte, el teléfono me aligeró la jornada, aunque mi interlocutora se dio perfecta cuenta de que estaba de lo más empanado (más que de costumbre, para ser más exactos).

    Hasta ahora he escrito deliberadamente en pasado, pero en realidad son, en estos momentos en que estoy aporreando el teclado, las siete y veintisiete minutos de la tarde del domingo. Todo sigue igual, ni un solo minuto sin el maldito runrún. Le he dejado una nota al presidente de la comunidad, que no estaba en casa, para que se encarguen de llamar al instalador y solventen el problema. No soy optimista: no creo que esté solucionado antes de una semana. La cuestión es que estoy muerto de sueño, y me esperan doce días de mucha actividad y de cosas poco apetecibles, lo que me pone un poco nervioso, porque no estoy en las mejores condiciones para afrontarlos. Pero bueno, tendré que hacerlo, y poniendo la mejor cara posible. ¡Qué remedio!

    PD1: Como si escribir conjurara los males, son las siete y treinta y cinco y acaba de detenerse el zumbido. Supongo que volverá, pero por lo menos mi cabeza tendrá un ligero descanso. A ver si dura toda la noche, por favor, por favor, por favor...

    PD2: A las seis de la mañana ha vuelto el ruido. ¡Dios, qué cruz...!

    November 09

    Una de cumpleaños (con perdón)

    ¡Qué bonitos son los cumpleaños! Sobre todo esos a los que te invitan:

    – Oye, que dentro de dos semanas es el cumpleaños de Pepe y dice que lo quiere celebrar en el bar de Joan.
    – Ah. Vale. ¡Uy...! No sé si podré ir, porque dentro de dos semanas creo que tengo algo. Ya te lo diré seguro.
    – Vale, hemos pensado en poner 20 euros cada uno.
    – Ya...

    Y ya estás liado. No hay escapatoria posible. Descartas tus inexistentes problemas de agenda y, ya que tendrás que acoquinar la pasta, decides que irás y centrarás tus esfuerzos en no ser el tesorero y, ¡por Dios!, en no tener que ir a elegir y comprar los regalos.

    Pero hay cosas peores. A veces ocurre que a alguien, iluminado por vete tú a saber qué luces, decide que en tu próximo cumpleaños hay que organizar una fiesta sorpresa a la que acudirán el mayor número de amigos y conocidos posible. Generalmente, coincide con tu 30 aniversario. Ese día es glorioso. De alguna manera, te has dejado embaucar y vas donde te dicen, y una vez allí... ¡SOR-PRE-SAAAA! Imitas la mejor cara de pasmo e incredulidad que eres capaz de componer, y luego sonríes con aspecto emocionado.

    Con el rabillo del ojo, mientras repartes besos a hombres, mujeres, niños y niñas (que algunos hay), percibes que un buen número de asistentes tienen cara de me-la-suda.-todo-esto-a-ver-si-nos-escaqueamos-pronto. Un surtido de pastas, bocatas, bebidas variadas, con y sin alcohol, adornan la mesa, que espera ansiosa la llegada del consabido pastel con velitas.

    El momento pastel es justo anterior al momento regalos. Y ahí te das cuenta de lo mucho que le importa a la gente acertar o no con tu gusto, especialmente cuando abres el paquete que sabes que contiene ropa, y descubres una fabulosa camiseta de tonos marrones (pero si yo ODIO el marrón) y un polo (de marca, eso sí) de tono azul indefinido lo suficientemente largo como para que le sirva de pijama a Pau Gasol.

    Pero eso no es todo. Sabes (porque lo sabes, no tienes la menor duda) que habrá libros y cd’s. Lo de los libros es de juzgado de guardia:

    – Ya verás, son muy buenos, a mí me los han recomendado mucho.
    – Gracias, gracias... ¿A ver? (...) Ostras, ¡qué guay...!

    “El camino del corazón”, de Fernando Sánchez Dragó y “Memorias de mis putas tristes”, de Gabriel García Márquez. Vamos a ver, vamos a ver, vamos a ver... ¿En qué momento de nuestras múltiples conversaciones no les ha quedado claro a estos gilipollas que no soporto a Sánchez Dragó ni a Antonio Gala ni a Arturo Pérez Reverte y que dentro de mis gustos literarios jamás han estado los autores sudamericanos? ¿Pero qué pasa, que no me escuchan cuando hablo? Joder...

    – Jo, pues mira que me apetecía leerlos, porque a mí también me han hablado muy bien de ellos (concretamente, para calzar mesas que cojean).

    Sin embargo, el mejor de los momentos, que ya esperas con una sonrisa sarcástica en la cara, es el de los cd’s.

    – Mmmmm, este por lo que abulta debe de ser por lo menos un cd doble.
    – Jajajaja... Ah, ah... ¿Y tú qué sabes? A lo mejor es una caja para guardar condones.
    – Jajaja... ¡Qué va, sería muy pequeña, no me llega ni para los que utilizo en una noche!
    – ¡Fantasma, fantasma...! Uuuuh...
    – Vale, vale, los que utilizo en un par de noches.
    – ¡Hala, pírate...!

    Abres el paquete y...

    – ¡Oh, Dios mío, es el 80’s Requetedefinitive Spaghetti Dance Collection en 4 volúmenes...!
    – A que mola, ¿eh? Están todos, mira...
    – ¡Coño, han repetido la de Baltimora! Ah, no, son diferentes... Pero, ¿es que tenía más de una?
    – Va, ábrelo y ponlo, porfa, porfa, porfa...
    – Vale, vale, ya voy, ya voy...

    Esto es algo que merece un comentario aparte. LA MÚSICA DISCO ITALIANA DE LOS 80 ES UNA MIERDA. Pase que no me escuchéis cuando hablamos de literatura, pero joder, ¿desde cuando me ha gustado a mí esta música? Pero si yo no entraba en las discotecas porque me ponía de mala leche, si las únicas discotecas que he pisado, y poco, han sido discotecas heavies, ¡por el amor de Dios...!

    Esta música tiene una muy dudosa virtud. Sabes que la detestabas cuando tenías edad de bailarla, y afortunadamente la relegaste al olvido más rápidamente que las emisoras de radio. Pero, con el paso de los años, además de hacerte más viejo, te haces más sabio y tolerante (o al menos eso creías hasta ahora), y cuando escuchas los primeros compases del “Tarzan Boy” pierdes la mirada en el infinito y caes en una nostalgia que te conduce a los 16 añitos, cuando toda tu preocupación era pasártelo lo mejor posible con los colegas y estudiar lo que tocaba. Y entonces concedes un nuevo valor a esos ritmos y melodías, y piensas: “Hombre, no era tan mala...” ¡NO. NO, NO y NO! ¡NO CAIGAS EN ESA TRAMPA!

    Porque una vez ha pasado el primer minuto y te has recuperado de la ensoñación a la que te han retrotraído esos compases, sigues escuchando y te das cuenta de que... LA MÚSICA DISCO ITALIANA DE LOS 80 ERA UNA MIERDA Y SIGUE SIENDO UNA MIERDA, POR MUCHO QUE ME RECUERDE LA MIERDA DE ÉPOCA DE LA ADOLESCENCIA. Porque hay que joderse con esa manía que tenemos de recordar solamente lo bueno y dar carpetazo a lo malo, y acordarnos de lo despreocupados que éramos cuando en realidad todo era un puto agobio, que si tengo 10 exámenes la semana que viene y 3 trabajos que entregar pasado mañana, que si esta tía no me hace puto caso, que si no tengo pasta para salir a tomar unas birras, que si se me está llenando la cara de granos, que si no tengo putas ganas de ir al pueblo este año, que por qué se me arrima tanto esta tía en vez de aquella otra, que si quiero ser escritor, que si quiero ser músico, que si quiero ser pintor, que si a los 18 me largo de casa a un piso de alquiler... En fin, los típicos problemillas que, vistos desde una perspectiva adulta parecen poca cosa, pero que cuando los vives de adolescente... tela marinera.

    Pero hemos decidido quedarnos con lo bueno, con los viernes de cerveza y colegueo, con los sábados de café, y luego futbolín, ping-pong y billar en los “recres”, previos a coger el metro para juntarnos todos en Canaletes e ir a destripar la paga en La Oveja Negra, el Chistu, La Bodegueta, El Tropezón (hay que ver lo que daba de sí la paga por aquel entonces: una Xibeca fría, 60 pelas para tomar en el bar), con los domingos de ver el Barça por la tele zampando bocatas y birras, con los días en que lograste que ¡sí, por fin! aquella tía te hiciera caso, con los exámenes superados con la gorra, con los trabajos hechos a Olivetti Lettera 64 plagados de tipp-ex que obtuvieron una nota cojonuda, con los porritos de las fechas señaladas, a saber, Sant Joan y Nochevieja, con el relato que te quedó redondo a partir de un párrafo escrito al azar, con los primeros cambios de acordes que aprendes con la guitarra de cuarta mano comprada a un colega con melena, con los primeros óleos que pintas y que te dejan claro que tienes menos arte con los pinceles que Rafael Amargo organizando carnavales, con las leves tajas con unos amigos en el pueblo (¿por qué a los padres no parecía importarles lo más mínimo que bebieras cuando estabas en el pueblo?, ¿porque eso quería decir que tenías amigos y lo pasabas bien?), con... No sé, con tantas cosas que parecían tan buenas...

    ¡Qué bonitos son los cumpleaños! Por favor, que nadie me prepare una fiesta sorpresa. Y si alguien me quiere comprar un cd y no sabe cuál, agradeceré que se dé una vuelta por la calle Tallers, que entre en las mini-tiendas más cutres que encuentre y que le pida al dueño algo que valga la pena: seguro que acierta. Porque, cuando soy yo quien regalo, puedo asegurar que me rompo los cuernos para acertar con los gustos del homenajeado. ¡Faltaría más!


    October 15

    El hilo de Ariadna

    Tal vez sea el día, el tiempo raro, ahora refresca, ahora te mueres de calor, ahora llueve, ahora hace un sol de justicia, tal vez sea, pues, el día, o la madre que lo parió, que a tal efecto viene a ser lo mismo, porque si hace el día que hace será porque alguien lo ha parido, o quizá no, quién sabe si será autónomo y se levanta por la mañana, o por la noche, y decide mira, hoy voy a tocar los huevos y mañana también, y me voy a partir la caja con el cambio climático de las narices, a ver cuántas chorradas se les ocurren hoy a estos mequetrefes, que cualquier excusa es buena para escurrir el bulto y que si ahora una gota fría, ahora una inestabilidad debida a no sé qué paridas de corrientes de aire frío, cálido o templado, porque igual da y todo vale, y mientras tanto los pobres diablos creyendo que viven cojonudamente, en una casita de tres pares construida con el culo, en un lugar que es también el mismo culo, que ni siquiera los neandertales habrían elegido una mierda de sitio así para su cueva, y luego todo se viene abajo con una riada, una crecida o con su padre en calzoncillos, por no hablar de los pobres que malviven en barracas hacinadas sobre solares fangosos y degradados, a quién coño le importa lo que les pase a esos menesterosos, y menos aún si no son tan blanquitos y puros como nosotros, y todavía menos si han llegado en su patera a robar el trabajo de nuestros hijos, estos hijos tan monos y tan a la moda y tan tatuaditos y tan piercingaditos, que da gusto verlos cuando les ofrecen un trabajo para el verano y dicen que no, que llevan todo el año estudiando y que se merecen unas vacaciones, y un Audi TT tuneado y una Bartola que los abanique, malditos extranjeros que nos invaden, no como  nosotros, que nos fuimos de este maravilloso país, ¡España! gritemos todos, nos fuimos al norte pero de otra manera, mucho mejor, no vayas a comparar, con esa amplitud de miras que siempre nos ha caracterizado y ese savoir faire del que hacemos gala allá donde vamos, ¡España! volvamos a gritar, y que no decaiga, que somos tan chulos que reconquistamos el terruño al moro y echamos al judío, eso sí, quedándonos con lo que dejaron hecho, que tampoco somos tontos ni malgastadores, no jodamos, y Santa Rita Rita, lo que se da no se quita, y que no vamos a desperdiciar las cuatro cosas que nos trajeron, total para cuatro regadíos y cuatro chuminaditas más, tampoco es cuestión de tirarlas, y así luego vacilamos de una ¡España!, gritemos con alborozo, unidad de destino en lo universal, que existe desde antes de que existiera otra cosa, desde la misma prehistoria, y hay que ver lo limpios que éramos ya entonces y lo bien que olíamos, joder, que daba gusto pasear por cualquier sitio, pero bueno, en fin, que me pierdo y he de seguir con lo mío, que será el día, el tiempo o este puto dolor de cabeza, pero el caso es que sólo me apetece acostarme y dejar de pensar un rato.

    October 09

    La Hermandad Naranja

    Apreciado Síloge3C4A,

    En mi última carta te avancé que había encontrado, por azar, unos datos que podían darme pie para una nueva novela histórica. A día de hoy, puedo confirmarte que las indagaciones han fructificado, y que ya estoy preparando mi nueva obra. Sabedor de tu discreción, te comunico que el título que he pensado es "La Hermandad Naranja".

    Merced a un artículo que apareció en una 3Dpublicación de segundo orden, me enteré del descubrimiento de un yacimiento de recipientes metálicos, semejantes a ánforas con dos asideros y una boca cerrada con un artilugio a modo de válvula recubierto de antiguo plástico negro, cerca de lo que en tiempos fue el atracadero de la urbe conocida como Bar-C-lon-A. Ya sabes como son estas 3Dpublicaciones sensacionalistas, uno debe andarse con ocho ojos antes de confirmar la veracidad de sus virturreportajes, y más cuando no vienen acompañados de las holografías correspondientes. Sin embargo, el hecho de que todos los recipientes fueran de color naranja llamó mi atención. Como bien sabes, el color naranja es el que conocemos como #1426#, y su utilidad como filtro para la desalación de medusas no fue conocida hasta hace tan sólo un par de milenios, así que me sorprendió un yacimiento de dichas características.

    Me centré, pues en averiguar qué había de cierto al respecto, y en una de mis múltiples visitas a la virtuateca estelar, con objeto de indagar entre su catálogo preclásico de documentos escaneados, hallé, casualmente, un pequeño recorte de una publicación diaria (algo llamado, según constaba, periódico o diario) de hace más de cuatro mil años que decía, literalmente, lo siguiente: "El sector del butano en crisis". Desgraciadamente, el texto no estaba completo, pero se podía leer lo siguiente: "las nuevas energías provocan la caída del alimento más tradicional de los hogares".

    Te preguntarás por qué me fije en algo tan aparentemente trivial: pues bien, se debió a que había parte de una ilustración –lo que se denominaba, según los textos que han llegado a nuestros días, una fotografía– en la que se reconocía una especie de ánfora naranja con un asa en un lado (el otro lado se había perdido). Mi mente dio un brinco, e inmediatamente pensé que se trataba de un ejemplar de los descubiertos en la excavación del atracadero. No voy a aburrirte con la parte más tediosa de mi investigación, pero sí que puedo explicarte, muy por encima, lo que he descubierto.

    Existió, hace más de cuatro milenios, un oficio que popularmente se denominaba "butanero", y que consistía en llevar a las viviendas de la gente ánforas rellenas de combustible. Desconozco cómo lo utilizaban pero, si mi intuición no me falla, creo que conectaban el recipiente a un tubo que introducían en un arcón refrigerador que contenía un animal muerto; gracias a las virtudes del combustible que se alojaba en el interior del ánfora, dicho animal se descomponía y transformaba en pequeñas pastillas aptas para ser ingeridas como alimento. El sistema era conocido tan sólo por los grandes maestros de la "Hermandad Naranja", y era uno de los secretos mejor guardados de la época.

    Estoy muy emocionado con este descubrimiento. Creo que, de todas mis obras, esta será la más certera y recordada, especialmente porque mostrará una reconstrucción bastante aproximada de algunos aspectos determinantes la sociedad tal y como era hace cuatro milenios. No tengo la menor duda de que dará pie al esclarecimiento de tantos y tantos vacíos que falta por rellenar en nuestro conocimiento sobre los habitantes de aquella época, como los biyerros, ya sabes, esos larguísimos restos de caminos flanqueados por dos barandillas bajísimas y tachonados regularmente de piezas rectangulares de material orgánico, de los cuales no sabemos apenas nada, o esos objetos que han aparecido tan profusamente y que contienen inscripciones como IKEA y CARREFOUR, seguramente relacionados con cultos a deidades del comercio antiguo.

    Como siempre, si te parece bien, te enviaré el borrador virtual para que me ilumines con tus comentarios.

    Te deseo que pases unas felices jornadas del nuevo alumbramiento.

    Antiop2D7Z



    VÍDEO: "Hurt", por Johnny Cash. La canción original es de Nine Inch Nail, pero esta es una de las ocasiones en que la copia se justifica con el asesinato. Sé que no debería poner muchas condiciones para captar la esencia de una canción y de su interpretación, pero esta es una ocasión especial: aunque la canción y el vídeo se disfrutan por sí solos, aún se disfrutan mucho más si se conoce algo de la historia de Johnny Cash. Recomiendo ver la película "Johnny and June" (Walk the line), donde Joaquin Phoenix hace de Johnny Cash y Reese Witherspoon de June Carter, su amor de toda la vida. Prescindiendo de la calidad del film, hay que decir que refleja de forma bastante cercana a la realidad la historia de amor entre ambos, una historia difícil, cuyos desencuentros condujeron al cantante a un mundo de destrucción por el alcohol y las drogas, mundo del que solamente fue capaz de liberarse al estar junto a ella. En el vídeo se ve a ambos en 2002, un año antes de que murieran: primero se fue June, y cuatro meses después Johnny no pudo entender la vida sin ella, y se apagó. Reconozco que el vídeo me ha hecho llorar más de una vez. Si no lo habéis visto nunca, por favor, perded cuatro minutos en ello: vale la pena.

    September 27

    El arte de la incomunicación

    Mira, te voy a decir una coA ver, ¿qué me vas a decir? No me interrumpas, por favor, sabes que no me gusta. ¡Vaya con el señorito!, ahora resulta que no se le puede interrumpir. (Suspiro masculino, ojos en blanco.) (Sonrisa tocapelotas femenina, ojos impertinentes.) Lo que te quiero decir es que¿Qué?, venga, que no tengo todo el día. (Silencio masculino.) ¿Me vas a dejar hablar? (Silencio femenino.) Vale, sigo... Sí, sigue, venga, va. (Joder... masculino subsónico.) Ya no sé ni qué te iba a decir. Pareces tonto. (Sí, soy tonto. Masculino subsónico.)