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October 09 "En esta época de locos nos faltaban los idiotas del horror."
Bandera blanca (Franco Battiato).
July 22
Los aullidos
retumban más allá de la casa, traspasan el umbral de la realidad y penetran, a
la fuerza, en el mundo de los sueños. Aunque para el espectador más bien es lo
contrario, el ulular que procede de los sueños rasga la realidad de forma
inquietante.
Una figura nada etérea aparece de la nada y corre, se aleja de mi mirada, que
trata de entenderla. Su rapidez es sospechosa, busca algo, quiere robar algo
intangible, o tal vez demasiado tangible. Sube las escaleras como si estas no
existieran, y será imposible atraparla. La persecución se acaba tan pronto como
se inicia, pero un piso más arriba, porque la silueta ha desaparecido igual que
llegó.
Marcha atrás, seguro que todo ha sido una maniobra de distracción, porque si no
no se entiende qué hacía el andrógino artefacto de brazos largos que he intuido
–con efectos retardados de falso dejà vu– momentos antes, tras de mí.
Alto, ni un movimiento: la puerta que guarda el sótano que no tengo va abrirse.
Certeza incontestable. Buster Keaton de madera se asoma por ella. Lo he
descubierto, lo sabe y se esfuma sobre sus pasos no sin antes cerrar la puerta
con un golpe seco.
La reacción es tardía. Abro la puerta justo para ver a Buster Keaton de madera
bajar a toda prisa la inmensa escalera que antes subía la figura nada etérea
que aparece y desaparece a voluntad. Desconozco qué hace ahí ese inmenso salón
bajo la escalinata: no es el lugar adecuado, y quién sabe si lo es el tiempo.
El andrógino artefacto limpia los primeros escalones con sus inmensos brazos a
modo de escoba y fregona. Buster Keaton de madera no podrá evitar tropezar y
caer, así que me lanzo tras él dejándome el aliento con los aullidos que brotan
de mi garganta por un miedo irracional al irreal actor.
Todo se evapora. Ni rastro, desde hace ya un buen rato, de la figura nada
etérea. Buster Keaton de madera ha desaparecido sin dejar una sola huella. El
andrógino artefacto, simplemente, no existe.
Sólo queda el eco de los aullidos y una voz asustada. ¡¡¡¿Qué pasa, qué
pasa?!!!
July 17
Hay que salir de
casa. Deprisa y corriendo, como cada día. El día va a ser caluroso. La madre
coge a su hijo de tres años y lo mete en el coche. Ha de llevarlo a la guardería
y luego seguir el camino hasta el trabajo.
...
La madre sale del trabajo y cuando va a coger el coche se encuentra dentro el
cadáver de su hijo. Olvidó llevarlo a la guardería. Ni siquiera se dio cuenta,
al bajarse del coche, de que el niño estaba con ella.
********************
Nada podrá consolar a la madre. Y tal vez tenga que ser así, nada debería
consolarla. Porque, a pesar de todas las circunstancias y excusas imaginables,
no existe explicación alguna. Podrá decirse que su marido pasaba olímpicamente
de responsabilizarse del niño. O podrá decirse que la vida de una mujer
separada es muy dura. O podrá decirse que la vida en general es un estrés
constante, y que el trabajo representa una enorme presión, que hay que pagar la
hipoteca, y que no hay tiempo para nada. Podrá decirse lo que se quiera. Pero
no hay excusa. Y ella lo sabe. Porque jamás podrá apartar de su cabeza la
imagen del sufrimiento de su hijo muriendo en el coche.
July 16 Si algo
tenemos los hombres, o la mayoría de nosotros, creo, es una tremenda
incapacidad para recordar fechas importantes. En mi caso, además, se une el
problema de no saber nunca en qué día estoy.
Hace un tiempo, un día como hoy fue probablemente el más afortunado de mi vida.
Después de haber pasado un mal año, por fin alcancé algo a lo que muchos pueden
aspirar, pero casi ninguno lograr.
Hoy sigo teniendo aquello que logré, y cada día que pasa he de reconocer que lo
valoro más por todo lo que es y por todo lo que ha aportado a mi vida.
Más allá de todas las cosas que pueden enturbiar mi existencia diaria, soy
feliz, y lo soy única y exclusivamente gracias a ella. Intento demostrárselo
cada día, y cuando no lo hago, siempre me perdona, algo completamente
desconocido para mí.
Porque en el fondo estoy seguro de que ella sabe que la quiero más que a nada. July 13
El ADSL en España
es el segundo más caro de la zona euro. Ha pasado de ser un 47% más caro que la
media a un 51%. Si a esto unimos que no todas las zonas pueden acceder a
ofertas diferentes de las de Telefónica porque no existe servicio de otras
operadoras, y que su funcionamiento es, por decirlo amablemente, malo, tenemos
en bandeja una reflexión sobre este país: somos el culo de Europa. Y de esto no
tiene la culpa Zapatero, ya que el problema se arrastra desde hace mucho. Lo
que sí tendría que hacer el presidente es poner las pilas a las operadoras y
obligarles a prestar un servicio de calidad, con un cierto nivel de competencia
entre ellas, y accesible a todo el mundo.
Wikipedia cae en cuanto a voluntarios y contenidos. Normal. El altruismo tiene
un límite, y la curiosidad también. Cuando algo no tiene una estructura que se
pueda mantener a base de retribuciones, con aportaciones económicas que
influyan en las cuentas bancarias de quienes participan, está condenado al
fracaso. Eso pasa aquí y en la Cochinchina.
Al final, todo quedará obsoleto, y será difícil separar el
grano de la paja. Como con esas enciclopedias Larousse que adornan las
estanterías de casa, actualizadas hasta 1984 y con unos suplementos
completamente infumables.
Y Miguel Ríos, ¡por fin!, hace su última gira, cómo no, rodeado de sus
amigüitos y amigüitas. Me ha tocado las narices que entre ellos esté Rosendo,
la verdad, pero supongo que lo hará como una buena acción. A ver si es cierto y
se retira este impresentable, que después de hacerse de oro gracias a la
capacidad de otros y de demostrar su escasísima creatividad a lo largo de
muchos años en solitario, parece estar sólo preocupado por vivir de y para la SGAE. ¡Hala, vete a hacer
unas jams de rock con
Ana-soy-comunista-que-te-cagas Belén!
June 25 Pues
nada, el alcalde del pueblo zamorano San Pedro de la Viña (y su equipo), que para
fiestas monta una atracción consistente en un espectáculo donde dos chicas voluptuosas
y ligeras de ropa lavan tractores y hacen una lucha de chocolate.
Qué maravilla la imaginación en las fiestas lugareñas.
Cuán desarrollada la inventiva de las comisiones que las organizan.
Qué gran avance hacia la educación en valores.
Qué agradable la obligación de compartir país con gente tan evolucionada.
Qué gran nación, me encanta.
June 16
Pasa el tiempo y
no escribo. Siempre digo que esto va por rachas, pero a cada racha que pasa me
doy cuenta de que las ganas menguan un poquito más. No es que se trate de
pensar en cerrar el blog, ni nada de eso: me sabría mal hacer desaparecer algo
que ha durado tanto tiempo y que me ha reportado satisfacciones impensables.
Pero puede quedarse en el limbo.
Uno de los problemas, que ya he comentado alguna vez, es la conversión de este
invento en una suerte de red social. Con ello se ha logrado menguar su interés,
por lo menos para mí, que no tengo motivación alguna para hacer
"amigüitos" virtuales. Para la gente que he conocido a través de este
medio y que me interesa ya dispongo de otras formas para comunicarme.
Otro de los problemas es esa obsesión perenne que tienen algunas personas o
colectivos en pensar que todo esto tiene o ha de tener alguna "utilidad
social". Y cuando hablo de "utilidad social" no me refiero a
todo lo que se ha armado últimamente y sobre lo que ya he opinado profusamente
(que para mí es una guerra lícita en algunos aspectos, pero mal planteada),
sino a la posibilidad de "cambiar algo en el mundo" o de
"influir en la sociedad". No me interesa subir a ese carro,
básicamente porque no creo que haya carro alguno (tal vez es que no soy tan
pretencioso como para creerlo).
********************
Me gusta tener amigos, pero reconozco que no he tenido demasiada suerte, o tal
vez simplemente no lo he hecho bien. Sea como sea, no sé hacerlo mejor y no voy
a cambiar a estas alturas. Me siento bien teniendo al lado a la persona a quien
quiero, y aunque a veces echo en falta "convivir" un rato con algunas
amistades, lo cierto es que no las necesito para vivir.
Últimamente veo muchos ejemplos de gente que parece empujada a seguir adelante
casi exclusivamente por expectativas de cosas que no tiene, o que cree que no
tiene: amor, dinero, estatus, capacidad artística... Creo que se pierden algo
importante, que es aceptarse a ellos mismos tal y como son, sin más. No hablo
de hinchar el ego, que también, sino de valorarse a uno mismo como merece, para
bien o para mal. Si es para bien, fantástico; y si es para mal, pues a intentar
cambiar lo que no nos gusta, con calma y sin precipitación.
Yo no tengo aspiraciones fuera de lugar ni pretendo que mi vida sea una carrera
contrarreloj para ser el tipo más ocupado que ha llegado al cementerio. Por lo
que respecta a este plano individual, ahora mismo lo único que me interesa es
ser simple, despojarme de preocupaciones y, sencillamente, vivir. Y en este
grado de simpleza es donde en estos momentos no me cuadra el blog. El blog (y
esto es un problema absolutamente mío) me obliga a pensar, a opinar sobre lo
que veo, a escribir cosas porque sí... No sé, me obliga a mantener una
disposición que ya me cuesta.
Ha llegado hasta tal punto esta llamémosle desidia que incluso he dejado de
publicar en un blog al que me dedico por encargo, porque veo que da igual que
me esfuerce en mantenerlo y hacerlo bonito e interesante. A la gente (un
colectivo muy concreto) que ha de leerlo y utilizarlo como herramienta
informativa se la trae al fresco, así que he decidido pausarlo como paso previo
a, en este caso sí, su cierre definitivo.
********************
Y así estamos, en un nuevo impasse.
May 27
La palabra es
nuestro vehículo de expresión. Hay palabras que simplemente designan algo
tangible, y otras que designan conceptos intangibles. En la metáfora reside la
capacidad de explicar nuestras ideas, pensamientos y sentimientos, ya que no
podemos transferirlos directamente. La pericia en el uso de metáforas,
analogías, etc., diferencia al buen didáctico o al buen escritor de los malos,
regulares o normales. Aunque también quienes reciben el mensaje han de aportar
su granito de arena: el código que emplea el emisor debe ser decodificado por
el receptor atendiendo no sólo a la literalidad, sino también a la pragmática. El
éxito o el fracaso, al fin y al cabo, será cosa de dos o más.
Yo no soy un buen escritor. Seguramente, ni siquiera un escritor mediocre. Cuando
escribo sobre sentimientos soy generalmente oscuro: en mi defensa diré que
tampoco pretendo ser entendido por el común de la gente, sino que más bien hago
"purgas literarias". Soy, eso sí, un buen redactor, esto es, una
persona que redacta gramaticalmente bien, capaz de expresar hechos con bastante
inteligibilidad. Pero no es suficiente.
Soy incapaz de expresar cómo me siento hoy. Frecuentemente adopto una pose
socarrona, cínica, visceral o pretendidamente graciosa en algunos temas sobre
los que vierto mi opinión, y sin embargo hoy me invaden un asco, una ira y una
pena tan grandes que soy incapaz de expresarlos, porque sé positivamente que no
se me va a entender, ya que tal vez debería hablar de temas verdadera y trascendentemente personales, algo que jamás he hecho en este blog,
como tampoco he publicitado nunca mis actos, y tampoco voy a hacerlo ahora.
Incapaz, pues, de expresar cómo me siento, he de recurrir a quien mejor ha
sabido plasmar el estado de ánimo que me invadió tantas y tantas veces, y que
hacía tanto tiempo que no se acercaba a mí. Leerlo, entenderlo, contextualizarlo, en definitiva, saber interpretarlo, requiere
inteligencia, y sin embargo no todas las personas inteligentes lo entenderán.
Tampoco me preocupa, ni siquiera es mi objetivo, y con toda seguridad me
importa una mierda: será, simplemente, como otra "purga literaria",
pero en esta ocasión tomada prestada.
**********
"Evidentemente, no se produjo nada nuevo, si se quiere: esta mañana, a las
ocho y cuarto, cuando salí del hotel Printania para ir a la biblioteca, quise
levantar un papel que había en el suelo y no pude. Esto es todo, y ni siquiera
es un acontecimiento. Sí, pero para decir toda la verdad, me impresionó
profundamente: pensé que ya no era libre. En la biblioteca traté de librarme de
esta idea, sin conseguirlo. Quise huirle en el café Mably. Esperaba que se
disiparía con las luces. Pero se quedó allí, en mi interior, pesada y dolorosa.
(...)
Me gusta mucho recoger las castañas, los trapos viejos, sobre todo los papeles.
Me resulta agradable cogerlos, cerrar mi mano sobre ellos; por poco me los
llevaría a la boca como los niños. (...) En invierno hay montones de papeles
aplastados, sucios; vuelven a la tierra. Otros nuevos, y hasta lustrosos,
blancos, palpitantes, se posan como cisnes, pero la tierra ya los deshace por
debajo. Se retuercen, escapan al fango, para ir a aplastarse un poco más lejos,
definitivamente. Es lindo recoger todo eso. A veces los palpo simplemente,
mirándolos muy cerca; otras los rompo para oír su larga crepitación, o bien, si
están muy húmedos, les prendo fuego con no poco trabajo; después me limpio las
palmas de las manos embarradas en una pared o en el tronco de un árbol
Pues bien, hoy estaba mirando las botas leonadas de un oficial de caballería
que salía del cuartel. Al seguirlas con la mirada, vi un papel junto a un
charco. Creí que el oficial iba a hundir con el tacón el papel en el barro;
pero no: de un tranco pasó por encima del papel y del charco. Me acerqué: era
una hoja rayada, sin duda de un cuaderno de escuela. La lluvia la había empapado
y retorcido; estaba llena de granitos e hinchazones como una mano quemada. La
línea roja del margen, desteñida, había dejado una sombra color de rosa; la
tinta estaba corrida en algunos lugares. La parte inferior de la hoja
desaparecía bajo una costra de barro. Me incliné; ya me regocijaba pensando en
tocar la pasta tierna y fresca que formaría entre mis dedos bolitas grises...
No pude.
Me quedé agachado un segundo; leí: "Dictado: El búho blanco", después
me incorporé con las manos vacías. Ya no soy libre, ya no puedo hacer lo que
quiero.
Los objetos no deberían tocar, puesto
que no viven. Uno los usa, los pone en su sitio, vive entre ellos; son útiles,
nada más. Y a mí me tocan; es insoportable. Tengo miedo de entrar en contacto
con ellos como si fueran animales vivos.
Ahora veo; recuerdo mejor lo que sentí el otro día, a la orilla del mar,
cuandop tenía el guijarro. Era una especie de repugnancia dulzona. ¡Qué
desagradable era! Y procedía del guijarro, estoy seguro; pasaba del guijarro a
mis manos. Sí, es eso, es eso: una especie de náusea en las manos.
(...)
Y yo también quise ser. Fue lo único que quise; esta es la clave del asunto.
Veo claro en el aparente desorden de mi vida: en el fondo de todas esas
tentativas que parecían sin relación, encuentro el mismo deseo: arrojar fuera
de mí la existencia, vaciar los instantes de su grasa, torcerlos, desecarlos,
purificarme, endurecerme, para dar al fin el sonido neto y preciso de una nota
de saxofón. Hasta podría constituir un apólogo: érase una vez un pobre tipo que
se había equivocado de mundo."
La náusea, Jean-Paul Sartre.
May 21
Cuatro tipos
trajeados, cuatro tipos que fuman cuatro cigarrillos sin que la ceniza acabe en
sus cuatro corbatas, en la puerta de la oficina donde aguardan sus cuatro
puestos de trabajo.
¿En qué me parezco a ellos? Creo que pertenezco a su misma especie, la humana,
aunque, eso sí, hay mucho más pelo en mi cabeza que en la de ellos. Los cuatro
tipos se miran con pose poco afectada, como de estar por encima del bien y del
mal y dando por descontado que de su conversación surgirá algo importante. Pero
yo creo que en realidad están hablando de que el Barça lo tiene difícil contra
el Manchester.
¡Qué poco productivo es el mundo de las conversaciones...! Creo que las
aportaciones al análisis de la conversación y su representación de Amparo Tusón,
a juzgar por lo que veo, van a tener que simplificarse mucho. Total, las
conversaciones ya son casi exclusivamente una sucesión de monólogos sin
interlocutor.
Y cuántos listos hay en el mundo, cuántos reyes del desprecio y de la destrucción.
Sobre todo en las barras de los bares. "¡Aquí lo que hay que hacer es
fusilarlos a todos!", dice uno. Pues claro, hombre, faltaría más...
"¿A ti qué te parece que tu hija pueda abortar con dieciséis años sin
decirte nada, eh, eh?", suelta otro. Pues hombre, qué quieres que te diga,
¿me tiene que sentar mejor que aborte con dieciocho sin decirme nada tampoco?
"¡Bah, bah, no sabes lo que dices!". Pues anda que tú, tontolculo.
"¡Es que todos los políticos son iguales!", espeta el tercero. Pues
dedícate tú a la política y deja de jodernos a todos con tus chorradas,
soplagaitas, ¿a cuántos conoces? "¿Qué han hecho los romanos por nosotros?",
decía uno de los múltiples personajes del gran John Cleese en "La vida de
Bryan". Pues un mogollón de cosas, joder. Repasa la historia, alelado, a
ver qué hubieras hecho tú con ese medio dedo de frente que apenas te alcanza
para controlar tus esfínteres.
Este odio creciente a casi toda la humanidad no puede ser sano, pero... ¡me relaja
tanto! Estoy harto de aguantar a petimetres endiosados y sus putas verdades
verdaderas y su trascendencia metafísica. Si por lo menos se hicieran una carta
astral, la enrollaran y se la metieran por el culo para notar en toda su
plenitud la influencia de los cuerpos celestes hasta el punto de verlos
orbitando alrededor de sus cabezas... Tal vez entonces les reconocería algún mérito
y los propondría para sustituir al pobre cazador de cocodrilos que murió
atacado por una raya.
Y para muestra (gracias, Ana) un botón.
Un sofisma es un
silogismo aparente que, mediante una argucia argumental, defiende algo falso
para confundir al interlocutor. La argucia puede consistir en utilizar premisas
falsas (o exponerlas como verdaderas) o en extraer de premisas verdaderas
conclusiones que no se siguen realmente de ellas.
Yo soy una mala persona. Me lo ha dicho un sofisma.
X está en contra de los malos.
X utiliza el sistema de lucha L contra los malos.
Z reprueba el sistema de lucha L.
Por tanto, Z está a favor de los malos.
Obviamente, yo soy Z. Supongo que es innecesario explicar por qué esto es un
sofisma, ¿no?
El maquiavelismo postula que "el fin justifica los medios". Esta
frase ha sido y es utilizada hasta la saciedad, hasta el punto que el común de
los mortales no entra a valorarla ni dedica tiempo a reflexionar sobre ella.
Sin embargo, difícilmente resiste un mínimo análisis. Veamos un ejemplo.
Existe una enfermedad que mata 20.000 personas cada año. Su índice de
mortalidad es del 50%, es decir, "solamente" muere una de cada dos personas
que la contraen. Los científicos buscan remedios para curarla (medicamento) y
para prevenirla (vacuna). En el Centro de Investigación A siguen el protocolo
estándar, de tal manera que primero proceden a trabajar en el laboratorio,
posteriormente hacen ensayos con animales siguiendo la normativa de bioética, y
después proceden a hacer ensayos con grupos de control humanos. El resultado de
la investigación se logra poner en el mercado cuando han pasado 15 años. En ese
período de tiempo han muerto 300.000 personas (20.000 x 15). El Centro de
Investigación B decide saltarse todos los protocolos y hace ensayos
directamente en 10.000 humanos enfermos. En 5 años ha desarrollado los
medicamentos que curarán y prevendrán la enfermedad, pero de los 10.000 humanos
que han servido de test han muerto 8.000. Durante esos 5 años, pues, han muerto
98.000 personas (el resultado de la operación (20.000 x 5) – 2.000). Si los
10.000 humanos que formaron parte del ensayo no lo hubieran hecho, hubiesen
muerto 5.000, y 5.000 hubieran sobrevivido. La tasa de mortalidad de los
ensayos del Centro de Investigación B ha sido del 80%, manifiestamente superior
al 50% que representa la enfermedad sin tratamiento.
¿Cómo valorar los resultados? Si miramos las grandes cifras, durante el período
de desarrollo de los remedios por parte del Centro de Investigación A han
muerto 300.000 personas, mientras que durante el período utilizado por el
Centro de Investigación B han muerto tan sólo 98.000, entre los que hay que
incluir 3.000 que no iban a morir a causa de la enfermedad. ¿Qué opción eliges
tú? ¿El fin justifica los medios?
En muchos contextos, los miembros individuales de un grupo pueden beneficiarse
de los esfuerzos de cada uno de los miembros de dicho grupo, de forma que todos
se benefician sustancialmente de la acción colectiva. Por ejemplo, si cada uno
de nosotros contamina menos pagando un poco más por nuestros coches, todos nos
beneficiamos de la disminución de la polución. Un free rider es aquella persona que, sabiendo esto, prefiere
aprovecharse de la acción colectiva sin aportar su parte de compromiso.
Siguiendo el ejemplo, que una persona no haga ese gasto extra en su vehículo
para contribuir al bien común no tendrá una implicación relevante en el
conjunto del grupo; si esa persona decide no contribuir, se beneficiará de la
acción de los demás sin participar en ella, es decir, se convertirá en un free rider. Este término, aunque
presente en la filosofía desde Platón, fue generalizado por David Hume.
El free rider siempre antepondrá sus
intereses personales a los colectivos, sin renunciar a beneficiarse de ellos.
El ser humano es complejo, pero no tanto, y hurgando un poco es fácil descubrir
qué es lo que afecta verdaderamente a las personas. Una persona que lucha
contra una ilegalidad o una injusticia está haciendo un bien. Si esa persona
obvia al resto de personas y colectivos que luchan contra lo mismo y se
considera abanderado de dicha lucha, aunque sigue haciendo el bien, malgasta
esfuerzos y recursos, y desprecia consciente o inconscientemente el trabajo de
los demás. A pesar de todo, esa persona logrará, lógicamente, adeptos a la
causa entre aquellas personas más o menos cercanas a su entorno. La lucha
individual de esa persona, sin embargo, puede acabar provocándole problemas
individuales, y entonces es probable que trate de recabar el apoyo de un
colectivo más amplio. En el momento en que los problemas individuales sean
acuciantes, se exacerbará el desprecio no hacia los causantes del mal contra el
que batalla, sino hacia todas aquellas personas y colectivos que no compartan
su sistema de lucha, y tenderá a equipara a quienes no están de acuerdo con dicho sistema con aquellos que son el objetivo de la lucha. El resultado suele ser emparejar al mismo nivel la
injusticia o ilegalidad objeto de lucha con los problemas individuales sufridos
a causa de esa lucha. Y aquí es donde el luchador manifiesta, en cierto modo,
su condición de free rider.
No confundamos los términos, no seamos reduccionistas ni simplistas, por favor.
Yo soy un firme convencido de la lucha contra los delitos cometidos sobre menores.
Y, además, soy un firme defensor de las actuaciones de las fuerzas y cuerpos de
seguridad del estado, así como de la labor que se lleva a cabo desde las
administraciones públicas, estatales, autonómicas y locales, así como de la de
otras entidades y organizaciones. Y también conmino a todo el mundo a aportar
su grano de arena al respecto, pero, eso sí, con conocimiento y respeto a la
labor del resto de personas, entidades, administraciones, etc., que también se
ocupan de ello.
Y si hay alguien que considere todo esto como una apología de lo contrario,
entonces le recomiendo que se ponga en manos de un profesional. Sé que los
pocos que leen este blog no están en esa tesitura, pero por si acaso. Hace ya
muchos años que me crece el pelo como para que me den lecciones de ética, y
mucho menos en este ámbito.
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